Por: José Ferney Paz Quintero

No nos llamemos a engaño; Colombia es un país asediado e impregnado por la corrupción que ha invadido las esferas tanto públicas, cómo privadas, en donde muchos altos funcionarios de estado, integrantes de la clase política, se pasean por el soborno, el cohecho, el conflicto de intereses, y las demás gamas de delitos contra la administración pública, con resultados inanes desde el campo judicial, o con penas irrisorias en guarniciones militares, o en sus placenteras residencias adquiridas con las actividades delictivas.

Recordar los casos de agro ingreso seguro, donde millonarios recursos fueron entregados a familias de la costa, dragacol, para la limpieza del rio magdalena, las losas de transmilenio, los Nule, el robo de Caprecom, con la participación de dirigentes de la clase política que hoy posan de abanderados del cambio, de la alimentación escolar, el manejo torticero que se le dieron a los bienes de la mafia, denunciados por el actual ejecutivo, que para bien de la trasparencia administrativa tenga resultados positivos dichas investigaciones, las contrataciones amarradas a determinados proponentes, para corresponder a los apoyos de campaña.

Cómo no aludir al sonado caso de Reficar donde un ente de control se pronuncia a favor de sus directivos con el peregrino argumento que se actúo de buena fe, sin considerar lo que sucede en los entes territoriales en donde la corrupción se ha convertido en alternativa de poder, con denuncias contra gobernadores y alcaldes, que nos hace pensar hasta qué punto se ha beneficiado la democracia con la elección popular de estos funcionarios y si no ha llegado el momento de una regulación en dicha elección, para proteger los fondos públicos y no lo sigan malgastando como si fueran de su propio bolsillo.

Lo expresado da para una lamentable conclusión: un país en subasta, en poder de grupos dedicados a esquilmar al estado, con mucho poder económico, social y político, secuestrado por la corrupción, la baja política y las mañas parlamentarias, no siendo ajeno este congreso que se hizo elegir bajo un lema, el del CAMBIO, pero han demostrado en estos primeros meses de legislatura un desaforado empeño en vulnerar la constitución, en desconocer el debate, el libre disenso, olvidando principios éticos de comportamiento y decoro parlamentario, llegándose hasta el extremo de convertir las curules en mesas de restaurante; oh tiempos aquellos cuando al congreso de Colombia llegaban personajes de talla intelectual y política, que le daban fulgor a la rama legislativa, respetados por la opinión ciudadana, verdaderos voceros de la representación popular.

El día en que la política sea mejor, se ejerza con altura, con decencia, con compostura, con transparencia, podremos decir entonces, que tenemos una verdadera democracia, lo demás es paisaje.

ADENDA. No contentos con las cargas tributarias de la reforma a estudio por el congreso, en la cacareada ley de orden público se cocina a hurtadillas unos nuevos impuestos de orden municipal como departamentales, auténticos “micos”, en contravía de lo que debe entenderse por unidad de materia. ¿Hasta cuándo estos desatinos legislativos?

La puya regresará el martes 8 de Noviembre.

*Ex magistrado.

Visitas: 0