Por Hernán Olano García

Doctor en Derecho canónico

En un “consistorios rojos”, así denominados para diferenciarlos de los “consistorios blancos”, en los que el Papa convoca para designar siervos de Dios, Beatos, Santos y Doctores de la Iglesia, Colombia llegó a su cardenal número once.

En ceremonias como éstas, además del Santo Padre, concurren los cardenales prefectos de la curia romana, los presidentes de los pontificios consejos y de los tribunales de la Santa Sede, así como los miembros eclesiásticos de la familia pontificia, aunque, saliéndose de la tradición, Francisco anunció a los nuevos integrantes electores y no electores del Colegio Cardenalicio en la Plaza de San Pedro el 9 de julio de 2023.

La jerarquía eclesiástica es una compleja estructura compuesta por diecisiete niveles, no necesariamente ocupados por los obispos. El Papa; Patriarcas Orientales; Cardenales obispos; cardenales presbíteros; Cardenales diáconos; arzobispos mayores; Primados; Patriarcas latinos; arzobispos metropolitanos; arzobispos; Obispos; Prelados territoriales; Abades territoriales; Vicarios apostólicos; Prefectos apostólicos; Administradores apostólicos; Superiores de Misión.

En el siglo XI, se dio entonces la Querella de las investiduras, pues los príncipes ponían en venta los obispados, que a su vez eran feudos; los curas cometían simonía (En alusión a Simón el Mago, quien quiso comprar a los apóstoles el don de hacer milagros), traficando con los sacramentos y las cosas santas, ante lo cual, el monje Hildebrando, oriundo de la Toscana, desde que obtuvo el capelo cardenalicio, insinuó al papa Nicolás II que la elección del Pontífice únicamente le correspondiera al Colegio Cardenalicio. Dos siglos después, en el 1271, se estableció el uso de encerrarse con llave para la elección, cum clavis, con lo cual surgieron los cónclaves.

El Colegio de Cardenales de la Santa Iglesia Romana, tiene su origen en el conjunto de presbíteros y diáconos de las veintiocho iglesias titulares existentes en Roma, tituli, o presbyteri cardinales, más los Obispos de las diócesis sufragáneas de Roma, situadas en torno a la Urbe y por eso llamadas suburbicarias: Ostia, Albano, Frascati (la antigua Tusculum), Palestrina (Preneste), Porto y Santa Rufina, Sabina y Poggio Mirteto y, Velletri; dichas diócesis son siete, pero, de acuerdo con el canon 350 del CIC, al Cardenal Decano le corresponde ostentar como título la diócesis de Ostia,  la vez que la otra Iglesia de la que ya era titular, pues al de Ostia, junto con los de Albano y Porto, se les concedía el privilegio de participar en la coronación del emperador.

Hasta el siglo XIX no fue infrecuente que el cardenalato le fuera concedido a clérigos que aún no ostentaban la dignidad episcopal; incluso siglos atrás se acostumbraban a otorgarlo de manera excepcional a laicos no ordenados, siendo el último de ellos Teodoro Vertel, un abogado muy vinculado al Vaticano, a quien en 1858 Pío IX le concedió el título, aunque ese mismo año fue ordenado diácono, sin acceder nunca al presbiterado y, al morir en 1899 fue el último cardenal no sacerdote.

Pablo VI con el Motu Proprio Ad Purpuratorum Patrum, del 11 de febrero de 1965 añadió en la Orden de los Obispos a los patriarcas de rito oriental que forman parte del colegio cardenalicio y que, en la jerarquía se sitúan inmediatamente tras ellos. A los patriarcas no se les asigna ningún título porque mantienen como título cardenalicio el de su propia sede patriarcal.

Incluso se dice que en 1968 el Papa Pablo VI estuvo considerando seriamente nombrar al filósofo católico francés Jacques Maritain como cardenal, sin embargo, el hecho nunca se produjo, como lo señala el estudioso del episcopologio, Ricardo Zuluaga Gil.

Los cardenales de la Orden de los Presbíteros hoy en día son la mayoría y representan la universalidad de la Iglesia, eran los veinticinco eclesiásticos que se encargaban de la custodia de las iglesias más antiguas de Roma, denominadas “títulos”. Tradicionalmente asociados con las parroquias de Roma son el orden más numeroso. Surgieron precisamente de los 25 títulos o iglesias cuasiparroquiales de Roma, de los 7 (luego 14) diáconos regionales y 6 diáconos palatinos y de los 7 (en el siglo XII, sólo eran 6) Obispos suburbicarios, fueron consejeros y colaboradores del Papa.

Los cardenales de la Orden de los Diáconos se encargaban de la administración de los seis despachos del palacio de Letrán (diáconos palatinos) y de los siete departamentos de Roma y del cuidado de los pobres presentes en ellos (diáconos regionales). El más antiguo de los cardenales diáconos es el denominado cardenal protodiácono, quien es el encargado de anunciar el nombre del nuevo Papa tras su elección.

Según el canon 351 del CIC, “Para ser promovidos a Cardenales, el Romano Pontífice elige libremente entre aquellos varones que hayan recibido al menos el presbiterado y que destaquen notablemente por su doctrina, costumbres, piedad y prudencia en la gestión de asuntos; pero los que aún no son Obispos deben recibir la consagración episcopal”.

Su vestimenta de color rojo simboliza que están dispuestos a morir por la fe. Desde el año 1059 son electores exclusivos del Papa, quien los nombra y les regala un anillo que simboliza su matrimonio con la Iglesia y que en la parte de adentro suele llevar el escudo del Pontífice que los agració con el título cardenalicio.

Desde el siglo XII se incorporaron al Colegio Cardenalicio clérigos residentes fuera de Roma. Sin embargo, como reminiscencia de los orígenes del Colegio, sus miembros se adscriben a uno de los Órdenes episcopal, a quienes el Romano Pontífice asigna como título una Iglesia suburbicaria, así como a los Patriarcas orientales adscritos al Colegio cardenalicio (aunque tienen como título su sede patriarcal sin acumularlo con una diócesis suburbicaria); el orden presbiteral y el orden diaconal, tal como lo fijó Sixto V desde 1586. Actualmente el Colegio peculiar de Cardenales, está regulado en los cánones 349 a 359 del CIC.

Desde el siglo XII, preceden a los Obispos y arzobispos; desde el siglo XV también a los Patriarcas (Bula Non mediocri de Eugenio IV, año 1439); y, aun siendo simples sacerdotes, tienen voto en los concilios.

El número de los Cardenales, en los siglos XIII-XV, ordinariamente no superior a 30, fue fijado por Sixto V en 70: 6 Cardenales Obispos, 50 Cardenales Presbíteros, 14 Cardenales Diáconos (Constitución Postquam verus, del 3 de diciembre de 1586).

En el Consistorio Secreto del 15 de diciembre de 1958, Juan XXIII derogó el número de Cardenales establecido por Sixto V y confirmado por el Código de Derecho Canónico de 1917 (can. 231). También Juan XXIII, con el Motu Proprio Cum gravissima, del 15 de abril de 1962, estableció que todos los Cardenales fueran honrados con la dignidad episcopal.

La Constitución Apostólica de Juan Pablo II «Universi Dominici Gregis» que regula el cónclave, dice en el n. 33 que no serán electores aquellos cardenales que hayan cumplido 80 años el día en el que la Sede Apostólica quede vacante.

Ese número de 120 electores podría ser ampliado por el Papa como dominus canonum. Si el número de cardenales presentes para completar las dos terceras partes no es divisible entre tres, se requerirá un voto más.

El mismo Sumo Pontífice Pablo VI, con el Motu Proprio Ingravescentem aetatem, del 21 de noviembre de 1970, dispuso que con el cumplimiento de los 80 años los Cardenales:

  • cesan de ser Miembros de los Dicasterios de la Curia Romana y de todos los Organismos Permanente de la Santa Sede y del Estado de la Ciudad del Vaticano;

  • pierden el derecho de elegir al Romano Pontífice y,

  • pierden el derecho de entrar en Cónclave.

Los Cardenales pertenecen a las distintas Congregaciones romanas: se les considera Príncipes de sangre, con el título de Eminencia; los que residan en Roma, incluso fuera de la Ciudad del Vaticano, son ciudadanos de esta para todos los efectos (Tratado Lateranense, art. 21).

Por su parte, existen unos cardenales in pectore, es decir cuyos nombres permanecen en el corazón del Papa y sus nombres no se han dado a conocer, razón por la cual, no son electores en el colegio cardenalicio.

En 1953, Su Santidad Pío XII eligió al primer cardenal colombiano, Monseñor Crisanto Luque Sánchez del Guijo, nacido en Tenjo, Cundinamarca, creado como Cardenal diácono de los Santos Cosme y Damián.

El segundo cardenal fue Monseñor Luis Concha Córdoba, bogotano, hijo del presidente José Vicente, con el título de Cardenal Presbítero de Santa María la Nueva.

El tercer cardenal, monseñor Aníbal Muñoz Duque, cardenal presbítero de Santa María en la Isla. La histórica visita de Su Santidad Pablo VI, fue acogida por él como Administrador Apostólico de Bogotá, puesto que se no había nombrado al reemplazo del arzobispo y Cardenal Luis Concha. El Nuncio era José Paupini y, había un Comité de Coordinación Iglesia-Estado para la visita, integrado por tres personas que posterior y curiosamente serían presidentes de la república: Misael Pastrana, Virgilio Barco y Belisario Betancur.

El cuarto cardenal, monseñor Mario Revollo Bravo, nacido en Génova, Italia, cardenal presbítero de Santa María en la Isla. Reconocido por su antipatía y lejanía.

El quinto cardenal fue Alfonso López Trujillo, de Villahermosa, Tolima, fue cardenal obispo de Frascati entre 1998 y 2008, año de su muerte. Al tener asignada la sede de Frascati, razón por la cual se dice que es el colombiano que más alto ha llegado en la jerarquía de la Iglesia. Fue presidente del Pontificio Consejo para la Familia.

El sexto cardenal, monseñor Darío Castrillón Hoyos, cardenal del Santísimo Nombre de María en el Foro Trajano, con dignidad personal de cardenal presbítero. Igualmente, fue de 2007 a 2008 el cardenal protodiácono de la Iglesia, es decir, el más antiguo de los cardenales diáconos en ese momento. Fue el Prefecto de la Congregación (hoy Dicasterio) para el Clero.

Frente a la cita del Evangelio de san Mateo, 16, 18-20, el cardenal Castrillón ante una pregunta sobre el cónclave de 2005 formulada por el periodista César Mauricio Velásquez, contestó:

“Yo les decía a mis amigos cardenales, un poco en broma, que envidiaba a los apóstoles, porque ellos no tuvieron que elegir sucesor, pues a Pedro lo eligió el Señor directamente <Tú eres Pedro…>.

El séptimo monseñor Pedro Rubiano Sáenz, de Cartago, Valle, cardenal presbítero de la transfiguración de Nuestro Señor Jesucristo. Conocido por la famosa “Parábola del Elefante” en contra del gobierno de Ernesto Samper, lo que supuso su no confirmación por el gobierno para el capelo cardenalicio, hasta la llegada del presidente Andrés Pastrana Arango, quien dio el visto bueno para su nombramiento pontificio.

El octavo cardenal, monseñor Rubén Salazar Gómez, cardenal de San Gerardo Maiela, bogotano, nacido en 1942.

El noveno, monseñor José de Jesús Pimiento Rodríguez, cardenal presbítero de San Juan Crisóstomo en el Monte Sacro. A sus 95 años, luego de ser sacerdote durante 64 años, fue nombrado cardenal, título que ostentó hasta más allá de su centenario de nacimiento.

El décimo, monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, c.i.m., es decir, eudista, cardenal presbítero de Santa Dorotea.

El décimo primer cardenal es Su Eminencia Luis José, el cardenal Rueda, quien participará de la elección pontificia ese acto que suscita el más vivo interés de las personas, pues, aunque es una cuestión <intraeclesial>, reservada a los cardenales, involucra el bien de la Iglesia y del pueblo cristiano. Entonces, el trabajo de los cardenales es discernir cuál es la voluntad de Dios.

Vale la pena indicar, que de los nueve consistorios realizados por el papa Francisco, tres santandereanos, Pimiento, de Zapatoca; Jiménez, de Bucaramanga y, Rueda, de San Gil han sido nombrados, dos como eméritos o no electores y Rueda como elector de pleno derecho.

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