RAM_Con cerca de $2.000 de incremento en la gasolina desde que se inició el Gobierno de Gustavo Petro, los precios de los combustibles podrían alcanzar este año los $13.000 y seguir de largo hasta los $16.000.

Es más, desde julio de 2022, el aumento de la gasolina corriente ha sido de $2.150 hasta llegar a $11.157 en abril.

Desde dicho mes, fue la primera alza, de $150; en agosto y septiembre, meses de transición del nuevo Gobierno, esta no subió. En octubre se elevó $200 más; en noviembre, también aumentó $200, lo mismo ocurrió en diciembre, y ya para inicios de 2023 la gasolina en Colombia se encareció $400 más. Además, en febrero aumentó $200, en marzo se elevó otros $400 y en abril, la más reciente alza, otros $400.

Desde el pasado 1 de abril el precio de la gasolina en el país incrementó $400 por galón en promedio, lo que quiere decir que los que viajarán por tierra en Semana Santa tendrán que gastar más tanqueando el carro.

Según el Gobierno, estos ajustes son un mal necesario porque significa aliviar las finanzas públicas mediante menores subsidios a los combustibles.

En octubre de 2022, cuando comenzaron las alzas, el déficit en el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles llegaba a los 38 billones de pesos. Para marzo, según los cálculos del Ministerio de Hacienda, el déficit ya rondaba los $30 billones.

Igualar los precios

Expertos estiman que a punta de alzas de entre $300 y $400 pesos por mes, en los próximos 12 y 18 meses se podría estar igualando los precios nacionales con los internacionales. No obstante, llegar a esa meta está sujeto a múltiples variables como el precio internacional de los combustibles, el del petróleo, el del dólar, entre otras.

De acuerdo con datos del Ministerio de Hacienda, «de no haber contado con la operación del FEPC en lo corrido de 2023, el precio de la gasolina corriente y del Acpm se hubiera ubicado, en promedio, en más de $4.500 y $8.700 por encima del precio de venta promedio vigente por galón, respectivamente».

Sin embargo, la problemática tiene varios matices. Por un lado, el comportamiento de los precios internacionales, así como el del petróleo, los combustibles y la TRM se debe ir revisando.

Sergio Olarte, economista principal Scotiabank Colpatria, dice sobre los precios que pueden alcanzar los combustibles en Colombia en este 2023, que, al estar los precios de los combustibles regulados, su comportamiento dependerá de las decisiones “políticas” que adopte el Gobierno nacional; por lo que no descarta que siga subiendo la gasolina, en valores similares a los que se generaron en el inicio de año. Aclarando, que esta tendencia se mantendría hasta que se logre mitigar el déficit del FEPC.

“Lo que se observa es que si la política del Gobierno continúa siendo la de quitar paulatinamente el subsidio a la gasolina que se estaba dando desde la pandemia, la gasolina corriente podría llegar a niveles cercanos a $13.000 a fin de año, por supuesto con aumentos graduales, esto depende de las políticas del Gobierno más que de un tema de mercado, básicamente es una decisión de política pública”, enfatizó.

Las proyecciones de los expertos, con base en las decisiones que ha tomado el Gobierno nacional, sugieren que el precio de la gasolina aumentará mes tras mes, durante el primer semestre, en $400.

¿Hasta dónde?

Camilo Pérez, director del área de Estudios Económicos del Banco de Bogotá, considera que para el primer semestre del 2023, cada mes, se prevé que el ajuste en el precio de la gasolina sea de $400. Esto sugiere, entonces, que en el mes seis, el galón de este combustible habría incrementado $2.400, por lo que se pasaría a $12.567.

Mientras que para el segundo semestre del año, el incremento se moderará, al bajar nuevamente a $200 por mes. “Si esto se da, el aumento de la gasolina sería de casi un 35 % y esto, obviamente, va a tener unas consecuencias muy importantes para la inflación, no sólo de manera directa, porque la gasolina es uno de los productos que consume la gente, sino a través de los transportes de personas y alimentos”, advirtió.

Mes a mes el gobierno y las entidades competentes revisarán cuánto debe aumentar el precio del galón de gasolina. Teniendo esto en cuenta se puede pronosticar que llegará a costar $16.000 para que en 2024 se cierre la brecha entre el mercado nacional y el internacional.

De acuerdo con Julio César Vera, presidente de la Fundación Xua Energy, los aumentos se deberían hacer más rápidamente. “Con aumentos de $200 y $300 nos tardaremos cerca de 25 meses en alcanzar el precio internacional. No obstante, un aumento más drástico afectaría negativamente las finanzas de los hogares en medio de un gran fenómeno de inflación”, mencionó.

Por otro lado, aunque los aumentos en el combustible Diesel han sido menores se espera que este llegue a los $20.000. Dejar el valor del ACPM estático haría que se esté atacando solo la mitad del problema.

El plan señala que, mes a mes, el Gobierno revisará al alza el precio de los combustibles hasta el 2024.

“Se proyecta que los diferenciales de precios se cierren a comienzos de 2024 para la gasolina corriente, y a comienzos de 2025 para el ACPM, con lo cual el Gobierno lograría que la presión de gasto asociada al FEPC desaparezca en el transcurso del cuatrienio”, aseguró el Ministerio de Hacienda en la actualización del Plan Financiero de 2023.

El Gobierno ha dicho que su propósito es que el precio de la gasolina empate con el precio internacional, pero con los incrementos que iban hasta enero todavía hay una diferencia.

El plan del Gobierno

El equipo estima que durante 2022 el FEPC registre un gasto por diferencial de compensación, aproximadamente de $37 billones. De ello, quedará para 2023 una cuenta por pagar de cerca de $26,4 billones, correspondiente al diferencial de compensación causado entre el segundo y cuarto trimestre del 2022.

Con relación al resto del nivel central, el equipo estima que se presente una considerable contracción en su déficit en 2023 dada la dinámica esperada del FEPC (cuyo déficit fiscal se prevé menor a 1,2 % del PIB). Esto resultaría de la implementación de un esquema de ajuste que incorpora incrementos graduales y progresivos en los precios internos de los combustibles.

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